
Ciclo A Cau d’Orella, con Alberto Alcalá y Lucía Servera. Viernes 9 de octubre en Bodega Ca’s Gall (Establiments)
Música que intima
Víctor M. Conejo
Marina Rueda (ver galería)
En esta época digital de tontuna, autocomplacencia y recursos pocos y repetitivos, no hay más que ver la línea predominante en cartelería y textos, que haya quien transmita amor por la música y no por el ombligo propio ya posiciona un par de millones de años luz por delante. Eso comunica A Cau d’Orella, un ciclo de conciertos de pequeño formato en ubicaciones escogidas. La energía la pone Col·lectiu l’Anhel, y la producción Sus Cultura.
Afortunadamente, en la autodefinición del ciclo no aparecen dos de las palabras más desnaturalizadas por idiotas de la actualidad: ni “experiencia” ni “exclusivo” (“inmersivo” también la torra bastante por tan reiterativo como hueco). El objetivo es programar artistas que subliman la música, que consiguen que intimes con ella, y ahí la clavan. Sus nombres no los conoces hasta que llegas, a unas localizaciones escogidas con ojo fino y filipino. Y ya está, el resto lo ponen las canciones.
La ubicación para el más reciente episodio del ciclo fue Bodega Ca’s Gall en Establiments. Sí, un lugar con un encanto arrebatador. Por cuestiones de calendario actual y sus horarios no coincidió caída de sol y concierto, de ser así habrían brotado ochocientosmil reels. La velada venía redondeada con una exposición de hierro forjado de Toni de la Mata.
Mateu Fiol, en lides de presentador, nos contó al inicio que la iniciativa nació hace dos años y pico en Galicia. Después introdujo la primera voz y guitarra sorpresas de la noche: Lucía Servera. ¡Y viva! porque esta jovencísima compositora, cantautora y guitarrista es de estirpe de músicos y artistas. No en vano el año pasado y con diecisiete ya andaba publicando música.

Su liga es la inmediatez, merced a una voz que modula preciosamente y a unas canciones de pop accesible en el mejor sentido de la palabra. Porque ciertamente es la misma ambición que hay en las canciones de Joan Baez, Ani DiFranco, Daniel Powter o Jake & Shelby. Es una sensibilidad de primera marcha que nunca hay que denostar porque es dificilísima de alcanzar, y la palmesana llega sobrada. Genera hiperexpectación lo que puede llegar a escribir dentro de nada.
La siguiente voz y guitarra no anunciadas de la velada fueron las del cantautor Alberto Alcalá, de Antequera, de Málaga y bastante de Madrid. Su liga es la universalidad, porque su talento se mete por todas partes. Pareciera que todas sus canciones son cartas, dirigidas a cada persona y a todos los mundos. Es por ello que consigue intimar con cada oyente de manera casi milagrosa. Le salen las sirenas por las orejas cuando canta porque pone su música al sur del norte y al oeste del este.
El andaluz ha dado alegrón reciente, porque su inminente cuarto disco se ha grabado aquí, en Red Carpet Productions, la casa de la música en Lloret que es estudio de grabación, residencia artística, sello y management. Ese fue el repertorio que enhebró mayormente su intimante actuación.












































No hay comentarios